Cuidado, que la empatía y la tolerancia te lleve a serte infiel, a permitir lo que no te hace bien o a sacrificar tus ideales… antes de serle fiel a alguien, debemos sernos fieles a nosotros.
La delgada línea entre la empatía, la tolerancia y lo que permitimos.
Ser empáticos es ponerte en el lugar de la otra persona. Ser tolerante es aceptar a los demás tal cual son, sin juzgarlos.
Claro que para relacionarnos es necesario ponernos en los zapatos del otro, entender su constructo social y el entorno en el que se ha formado, esto nos ayuda a aceptarlo. También, nos ayuda a reducir las decepciones reconociendo que nuestras expectativas se basan en nuestro propio constructo social y experiencias individuales, desde aprendizajes y perspectivas diferentes a las del otro.
Por lo que, para ser empáticos y tolerantes es necesario entender quién es el otro y de dónde viene, sin juzgar sus actos como buenos o malos, porque al final esta haciendo lo que ha aprendido a hacer según sus experiencias.
“Saber identificar que me gritas porque es como estas acostumbrado/a a comunicarte no significa que voy a permitir que me grites a mi.”
La aceptación y la tolerancia no significan que permitiremos lo que no queremos independientemente de que lo entendamos.
Hay cuestiones que simplemente no queremos en nuestra vida y es precisamente a eso a lo que debemos serle fiel.
“Ponernos primero a veces es necesario para salvarnos”
Así que, mucho ojo, andemos despiertos, aceptémonos y seámonos fieles a nosotros, a nuestros ideales, a lo que queremos, lo no que queremos y lo que nos hace bien por encima de todo.
Que nuestras decisiones tengan coherencia con lo que pensamos, sentimos y hacemos por encima de lo mucho que entendamos al otro…entendámonos primero.
Hoy dedicaré un rato a esos “corazones rotos” que vengo escuchando una y otra vez.
“El otro no es honesto”
“El otro es infiel, no confío”
“El otro no me hace sentir segura/o”
“El otro no me valora”
“¿Por qué me está pasando esto?”
“El otro me hace sufrir”
DEJA AL OTRO QUIETO ¡CUESTIONATE A TI!
En vez de victimizarnos, podemos decidir cuestionarnos: ¿Para qué me esta pasando esto? Todo lo que le doy al otro, ¿me lo estoy dando a mi? Todo lo que le exijo y reprocho al otro, ¿me lo estoy dando a mi?
Esperamos que otro nos de lo que hemos sido incapaces de darnos. Es un acto inconsciente de egoísmo pretender que otro nos llene. En cambio, estas personas solo nos sirven para identificar algo que nos hace falta sanar.
“Entendí que lo que me lastima, me molesta o critico de los demás, es un reflejo de algo que esta dentro de mi y no he sanado”
Aclaro, el cuento de que el amor propio y sanar, es una noche de vino y baños de burbujas es igual de ilusorio que el cuento romántico que nos vende Disney de que un príncipe nos viene a salvar. Es un reto constante decidir querernos, valorarnos y respetarnos todos los días. Pero, hasta que no lo aprendamos, seguiremos buscando afuera lo que no tenemos dentro.
Así como proyectamos nuestras carencias en el otro, cuando aprendemos a amarnos y vivimos desde nuestra esencia, atraemos personas completas y relaciones maduras.
Seamos naranjas completas, hagamos un jugo de naranja saludable.
Amanecí con la noticia de que la cifra de infectados por COVID-19 ha aumentado a mas de 17,000 personas en España y casi la mitad de los casos en Madrid, donde resido y donde siguen creciendo exponencialmente. Hospitales a punto del colapso, hoteles convertidos en hospitales, se esta eligiendo quien se salva y quien no por falta de respiradores y muchas más noticias alarmantes. Justo hoy, después de casi 10 días de cuarentena, por necesidad de alimento tuve de mi residencia.
Después de vivir un huracán categoría 5 cerca de la costa de Puerto Rico, ver como mis abuelos lo perdían todo, saber que mas de 4,000 personas morían muy cerca de mi, tener que estar meses sin luz ni agua, entre muchas otras necesidades son muy pocas las cosas que me perturban. Desde entonces, solo me limito a dar gracias por lo bendecida que soy y aprovechar cada segundo porque estoy viva y no se hasta cuando.
Aunque para muchos en España la cuarentena han sido días de angustia y paranoia, para mi, han sido de mucha paz, relajación, organización, yoga, meditación…muy feliz por que al fin pude empezar ese libro que llevo posponiendo desde enero. Diez días en los que he podido enfrentar mi ego y disfrutar de mi compañía.
En fin, me toco salir y afrontarme a lo que se vive fuera de mis cuatro paredes. Tenía todas las medidas de higiene muy claras e iba con mucha seguridad. Pero mientras caminaba, iba viendo las calles vacías junto a un silencio que nunca había sentido en Madrid, topándome con algunos proveedores de mercados con sus guantes, mascarillas y mirada de angustia.
Llegue al supermercado había una fila inmensa, reglas de distancia entre personas, todos cabizbajos con sus mascarillas, guantes y desinfectante…pude sentir el miedo en mi alrededor, no tenemos idea de como parar esto. Pensé en mis abuelos y en ¿qué hacía yo ahí? En vez de estar pendiente a que no se infectaran, como podía ser tan egoísta. Estamos viviendo una pandemia y yo lejos de mi familia, ¿en qué estoy pensando?…entre muchas otras cosas que volaban por mi cabeza.
“Actúas desde el ego cuando la realidad no se ajusta a tus necesidades”
Por un momento me cuestione todo el positivismo que predico, mi ego me bombardeo, me sentí agobiada y muy ansiosa. Casi caigo en el victimismo hasta que recordé lo mucho que me ha hecho evolucionar el miedo, la incertidumbre y el sufrimiento, me han enseñado tanto que luego solo pude sentir agradecimiento. Es increíble el hecho de tener consciencia de tu ego, identificarlo y vencerlo poco a poco. Cuando reconecté con la certeza de que todo lo que nos sucede viene a enseñarnos, solo pude agradecer ya que por algo me ha tocado vivirlo.
Comparto esto con ustedes porque en estos tiempos es muy fácil caer en el victimismo lo cual solo crea ansiedad, perpetúa la angustia y la negación. En estos momentos necesitamos todo lo contrario, mientras mas rápido entandamos que estamos en un proceso de aceptación, que se acerca una era de muchos cambios y que tenemos que enfrentarnos a ellos con nuestra mejor cara, mas llevadero será el proceso. Será un tiempo de aceptación, introspección y el cual nos empujará a reinventarnos porque es indudable el efecto que tendrá esta crisis en la economía.
Mientras escribo esto, me interrumpe el bullicio de mis vecinos cantando “Hakuna Matata” y recordándome que “sin preocuparse, es como hay que vivir”…
Hace mucho que necesitamos parar, tener tiempo para mirarnos por dentro, enfrentar nuestros miedos y vencer nuestras creencias limitantes, la vida nos esta dando constantemente lo que necesitamos…. ¡Vamos gente, positivos y despiertos!
“El perreo es un estilo de baile, puede ser rápido y agresivo o lento. En cualquier caso, la actitud de los participantes es de bailar como si estuvieran tratando de seducir a la pareja en medio de la pista de baile con movimientos de cadera y muslos.”
“Menos violencia, mas perreo…”
Por alguna razón, este fin de semana el álbum de Bad Bunny me ha dado vida. Volver a escuchar esos ritmos me ha hecho perriarle a la escoba, al mapo y a la pared como si estuviese bailando con mi eterno “jevo” de high school. Cada beat me transportó a una de las épocas más divertidas de mi vida, la adolescencia, una etapa que me dio duro pero de la que no cambiaría ni un segundo. Con “Safaera” me transporté al centro comunal de Valle Hermoso, Buenaventura y Carretera Nueva, con un corillo de amigas del equipo de volley esperando que faltara una hora para que prendieran las luces ya que por alguna razón, a esa hora era que empezaba el perreo.
DESTRUIDA DESPUES DE UN PERREO INTENSO
Me trasporté a un salón de clases de la Dorrington, practicando un baile de reggaetón que haríamos en uno de esos “parties”…¡Todavía no entiendo en qué estábamos pensando! De ahí, viaje a los “parties” de marquesina en casa de Ginamarie, ¡Qué tiempos! Con “Bichiyal”, llegué a los espumas de Jet Dance Club, ahogada en la espuma de la que siempre salíamos vivos y perriando. Les juro que con “La Santa” volví a sentir el sabor del Bob Marley y la sambuca negra de Enduro. Recordé mi primer “party” en el Casino de Mayagüez, cuando casi tenía que arrodillarme para que mami me dejara ir a ver a Cosculluela, porque para los adultos “en Mayagüez matan” jajajaja ¡Ay que risa, cómo me disfruté cada esquina de ese pueblo carajo!
“La musica nos traslada al centro de nuestras emociones recordándonos situaciones vividas que vuelven a nosotros por un instante”
Literalmente regresé a los 17 años, cuando le rogué a mi hermano mayor que me llevara a las calles de Mayagüez por primera vez (porque a esa edad en mi casa estaba rotundamente prohibido “janguiar” en Mayagüez). El plan era ir escapada de mami, pero como siempre fui muy juiciosa, si iba a hacer algo sin permiso, mi hermano tenía que cuidarme. Recordé el viento en mi cara como cuando me salí por el cristal del carro camino a la playa después de mi “Prom Night”…
KARAOKE NIGHT
Con “Yo Perreo Sola”, regresé al jangueo de la Semana Prepa en el Colegio, a cuando existía “Madridz”, “Shots” y los “Freaky Mondays”, al primer perreo en “Aljibe”, la primera borrachera de prepa, a cada “Yellow Pass”, “Hallowtown”, a cada jangueo de Justas Interuniversitarias con mi camisa verde, me transporté a cuando “La Jíbarita” era sólo un pedacito de barra, a los martes de “Kareoke”, los miércoles de “Flip the Coin” y Mojitos. Finalmente, llegué al piso de la calle de Diego, haciendo angelitos de espuma el día de mi Caravana de Graduación, hasta ahora uno de los mejores días de mi vida.
¡Qué nostalgia más buena nos da escuchar música que nos recuerde nuestros mejores días! YHLQMDLG, aparte de un fuerte ejercicio de piernas, ha sido un ejercicio de visón retrospectiva que para algunos de nosotros fue volver allí, dónde disfrutábamos del camino. Al igual que nos pasa con el olor del plato favorito de abuela, al escuchar ciertas canciones no pensamos en los exámenes departamentales, ni en las filas desde las 4:00am para hacer matricula, o en todos los obstáculos que vencimos en nuestro proceso. Lo que se nos queda grabado en el alma son esos cinco o seis años de aparente libertad. Gracias vida, por 25 años bien vividos.
Aunque muchos quieran tapar el sol con un dedo, el reggaetón es parte de nuestra cultura y de nuestra sociedad desde Vico C hasta Bad Bunny.
¡No lo nieguen a ustedes también les gustó el perreo!
Vivir despierto, vivir conectado… ¿Cuántas veces en el día estamos, pero no estamos? Vivimos por inercia, nos levantamos, nos duchamos, desayunamos y vamos a trabajar o estudiar por inercia, porque es lo que hay hacer. ¿Qué si no? Aveces hay que perdernos para encontrarnos, perdernos despiertos, alerta, mirando hacia adentro. Dejando atrás la inercia, dejando de mirar al del lado y empezar a mirar hacia adentro, perdernos en nosotros mismos para encontrarnos y vivir con propósito. Y es que, cada una de las situaciones con las que nos enfrentamos en el día son una oportunidad para aprender, para conocernos y evolucionar. Pero, ¿si no somos conscientes como vamos a aprender?
¿Creen en las casualidades? ¡YO NO! Creo que todos y cada uno de nosotros estamos donde tenemos que estar, porque el universo es perfecto. Aunque no lo veamos, todas las batallas por las que pasamos tienen un propósito, que muchos no entendemos porque estamos dormidos, lamentándonos, quejándonos, cuestionando a Dios y buscando culpables.
El presente es lo único que tenemos, disfrutémoslos, aprendamos de lo que nos trata de enseñar, despiertos.
A por ello, listos para aprender lo que cada situación que se nos presenta viene a enseñarnos, despiertos para escucharnos, para sentir cada segundo, cada respiración porque estamos vivos y no sabemos hasta cuando. Despiertos disfrutar de las pequeñas cosas nos regala el universo, de algo tan simple como poder ver, tocar, escuchar, oler o probar… de algo tan simple como poder abrazar a nuestros padres o abuelos, cosa que damos por sentado porque lo tenemos. Cuando vivimos dormidos, no nos damos cuenta de todo lo bueno que la vida tiene para darnos y de lo bendecidos que somos por el simple hecho de existir.
Está en nuestras manos decidir si lamentarnos por el pasado, agobiarnos por el futuro o aprender, disfrutar y trabajar en el presente.